2003-05-11-Una inundacion tiene causas mas políticas que naturales

11/05/2003

• Opinión

A FONDO / CLAUDIA NATENZON, GEOGRAFA

"Una inundación tiene causas más políticas que naturales"

Control y prevención. Desde que inventó la técnica, el hombre actúa sobre la naturaleza para aprovecharse de ella o minimizar su daño. Sabe que corre riesgos, pero también que con el dato justo en el momento adecuado se evitan dolores mayores. Esa capacidad de operar, intrínsecamente política porque implica tomar las decisiones eficaces para proteger a la sociedad, es el déficit mayor en la catástrofe que vive Santa Fe.
Así opina la geógrafa Claudia Natenzon, egresada de la UBA y con doctorado en la Universidad de Sevilla. Titular de dos cátedras en la UBA, dirige también allí el Programa de Investigaciones sobre Recursos Naturales y Ambiente y dicta cursos en Flacso.

Cuando uno lee o ve por TV la catástrofe de Santa Fe por las inundaciones, le parece que está en medio de "La vorágine" de José Eustasio Rivera, que es, por antonomasia, la novela latinoamericana de la naturaleza desatada. Pero ese libro es de 1924. ¿Casi un siglo después el hombre sigue sin poder controlar la naturaleza?
—No, el hombre puede controlar la naturaleza. De hecho la está encauzando desde que inventó la técnica, nada menos que en los tempranos inicios de la civilización.
Pero esta vez, en Santa Fe, no supo o no pudo controlarla.
—Hay procesos naturales que son complejos y para los que es imprescindible estar más atento y tener más información. La naturaleza es cambiante, por lo que cada sociedad debe tener un registro histórico de esas variaciones. Para empezar a entender lo que ocurre en Santa Fe hay que caracterizarlo como un problema social y político antes que natural. Una inundación suele tener causas más políticas que naturales. Porque la forma en que una sociedad advierte, enfrenta y resuelve una catástrofe no es "natural", sino que tiene que ver con cómo resuelve todos sus problemas —y uno de ellos es el ambiental—, incluso en la normalidad.
Usted prefiere no darle categoría de "natural" a una inundación como la de Santa Fe, pero los funcionarios provinciales se escudan en que nunca antes había ocurrido algo así. La magnitud del desborde del Salado y de las lluvias es única y, por lo tanto, eso dificultaba cualquier prevención, aducen.
—Yo creo, como mucha otra gente que investiga en el tema ambiental, que siempre hay posibilidades de prevenir, aun cuando las situaciones sean tan novedosas como ésta. Quizá no se puede ser exacto, pero uno puede aproximarse. Claro que cuando, como ocurre en Santa Fe, los sistemas de toma de datos están muy desarticulados porque se ha perdido una gran cantidad de estaciones, todo es infinitamente más complicado. En el caso del río Salado, es cierto que nunca había ocurrido un desmadre igual, porque históricamente nunca había habido una configuración como la actual, con tal cantidad de población viviendo en ese lugar, con tantas intervenciones sobre la naturaleza, con tal desaprensión oficial por los cambios en la dinámica hídrica en los últimos veinte años, con tanta incapacidad del Estado para regular. Es cierto que se conjugaron muchas causas para desembocar en esto. Pero, realmente, decir que viviendo en el lecho de inundación del río Paraná en su confluencia con el Salado no se sabe que puede haber este problema es pecar de ingenuidad peligrosa y dolorosa.
Usted hace hincapié en el conocimiento previo para mitigar los hechos. ¿Qué falló, qué se desconoció en Santa Fe?
—Lo fundamental para evitar catástrofes es la voluntad política para que la toma de datos tenga continuidad en el tiempo. Porque esa voluntad política se va a traducir en el sostenimiento de los programas y los equipos de trabajo que puedan ir haciendo una propuesta integral para controlar la naturaleza. Segundo, es fundamental también saber que no hay soluciones únicas. Cada zona tiene una configuración diferente. Hay líneas generales de trabajo, pero hay que respetar las particularidades. Y también hay que saber que la descripción meramente geográfica no alcanza.
¿En qué sentido?
—Hay que construir cierto modelo de análisis para entender por qué se repiten, a lo largo del tiempo, situaciones de catástrofe en la zona más rica del país. ¿Qué lógica hay detrás? Por eso digo que la descripción meramente geográfica es apenas una razón para lo que está pasando. Levantando la mirada, encontramos respuestas en lo que se llama teoría social del riesgo. Esta teoría social plantea que el riesgo es parte inherente de nuestra sociedad moderna, y por eso es imprescindible basarse en el conocimiento para tomar decisiones racionales y para desarrollar la tecnología. Es simple: en la Edad Media se confiaba en Dios; hoy, en la ciencia. No sabemos cómo funciona un ascensor, pero subimos, aunque sabemos que el ascensor se puede caer. Corremos el riesgo, porque conocemos los beneficios de la técnica y porque también sabemos que esos riesgos han sido minimizados. Claro que cuando todas esas precauciones no han sido tomadas o son muy endebles, ya uno no enfrenta un riesgo controlado, sino que se derrumba en la incertidumbre.
¿Cómo y por qué lo que podía ser un riesgo acotado se transformó en Santa Fe en incertidumbre y catástrofe?
—Es que para que eso no ocurra, primero hay que conocer la amenaza. Si yo conozco el comportamiento del sistema hídrico de la región, voy a poder prever qué es lo que va a pasar. Y ese conocimiento, en Santa Fe y en otras regiones del país, no está siendo sostenido de manera permanente. Los esfuerzos de la Universidad del Litoral son extenuantes, porque los equipos no están protegidos ni alentados como correspondería. La Universidad del Litoral tiene una de las escuelas más importantes de recursos hídricos del país y está reconocida internacionalmente. Gran parte de los funcionarios y de los técnicos que hoy trabajan en temas referidos a los recursos hídricos de la Argentina han salido de sus aulas. No hay duda de que ellos conocen el tema del Salado. Pero, ¿por qué ese conocimiento experto, técnico, no impregna la toma de decisiones?
Esa incapacidad en la correa de trasmisión aumenta la vulnerabilidad de una sociedad, me imagino.
—Por supuesto. Toda sociedad tiene una determinada configuración en la normalidad. En esa normalidad, hay grupos diferentes que pueden responder de distinta manera al peligro desencadenado. Es decir, ¿en qué condiciones está cada uno de los grupos sociales para enfrentar ese peligro? No es lo mismo enfrentar la erupción de un volcán a pie, con un caballo o con un helicóptero. Que yo esté a pie, con un caballo, o con un helicóptero habla de mi situación previa en la normalidad. Marca cómo construí mi economía, en qué sector social nací, cómo pude elevarme si es que lo he hecho.
¿Santa Fe estaba pie, a caballo o con un helicóptero?
—Santa Fe tenía una vulnerabilidad potencial que terminó en catástrofe porque estaba "a pie", como muchas otras ciudades de un país cada vez más inequitativo y con más ciudadanos pobres. Santa Fe está deteriorada económicamente, con alto desempleo y con lazos sociales también heridos. Ese clima implica asimismo descreimiento en las regulaciones y en las normas de convivencia, quizá porque ya uno se ha acostumbrado a la ausencia del Estado y vive en la incertidumbre, sin tener elementos de juicio para saber qué hacer. Esa es la realidad de Santa Fe: sin demasiado conocimiento de la historia ambiental del lugar, sin información previa acerca de lo que podía pasar, no hubo prevención sino ignorancia. La gente ignoraba que estaba viviendo en un lugar que podía ser peligroso y no pudo decidir si estaba dispuesta a correr el riesgo o no.
No todos los lugares del mundo son ideales ni mucho menos, pero las ciudades se instalan y crecen. ¿Cómo se hace para manejar la incertidumbre?
—La única vía es la política, dicho en un sentido amplio. Es la política la que toma decisiones y determina quién asume el riesgo y con qué costos. En Santa Fe, la mayoría de la gente ha recibido el impacto de decisiones que se tomaron mal o que directamente no se tomaron. Claro que no todo el mundo padece tanta incertidumbre: la Unión Europa reconoce el derecho de todo ciudadano a saber qué riesgos corre por vivir en el lugar que vive.
En el Litoral había habido, años atrás, inundaciones muy fuertes. ¿Por qué cree que la experiencia no sirvió?
—Claro que había habido inundaciones fuertes y progresivas. En ocasión de la de 1983 se dijo: "Es la que ocurre una vez cada cien años". Pero después vinieron la del 92 y 98, a partir de las que muchos expertos dijeron: "No, acá hay algo que no es accidental; tenemos que pensar que esto es ya una tendencia que va configurando la normalidad del sistema hídrico y del sistema climático y que por eso va a volver a ocurrir". A partir del 92, entonces, todos empezamos a creer que la normalidad —y no el accidente— es la inundación. Pero no bastó con que todos alertaran: no se operó políticamente y éstas son las consecuencias.
¿Qué hubiera sido operar políticamente?
—Algo muy concreto. Se había colocado en el Presupuesto Nacional un rubro para análisis y estudio de los problemas de inundación en todos los centros urbanos a lo largo del litoral fluvial. Era todo un logro, porque, sabemos, lo que no está en el Presupuesto Nacional no existe. Pero, bueno, vino la crisis del tequila con sus innumerables recortes presupuestarios, y el entonces ministro Cavallo eliminó los 400 mil dólares previstos ese año para hacer los estudios sobre qué obras eran convenientes y cuáles no en los centros urbanos que más se habían inundado. Operar políticamente también hubiera sido no dejar solos a los técnicos. La incertidumbre que nosotros tenemos no es técnica sino política. Hay calificados elementos de juicio que tienen que ser mejor conocidos y sobre los que hay que tomar decisiones políticas. El sistema de alerta, técnicamente, está bien montado. Incluso, la gente que está en el INA —el Instituto Nacional del Agua— está más que capacitada. Hay una persona, por ejemplo, que tiene toda la historia del sistema hídrico del Paraná y tiene a su cargo el sistema de alerta hidrológico. Hace su trabajo aun con toda la pérdida de las redes de comunicación, con los problemas de no pago a las instituciones que se hicieron cargo de manera privada de la toma de las mediciones, etcétera, etcétera. A pesar de eso, esa persona y todos los otros técnicos van rebuscándoselas y están dando un buen servicio. Pero, le repito, el sistema de alerta no puede ser sólo un recurso técnico. Si la política no lo sostiene, seguiremos viviendo estas catástrofes.
Pero cuando la política sostiene, es redituable para la gente y para la dirigencia misma. Sin ir más lejos, Gerard Schroeder fue reelecto canciller de Alemania, entre otras cosas, por la eficacia con que enfrentó las inundaciones de agosto del año pasado.
—Exactamente. Es que hay una historia en todo esto y nada se construye de un día para otro. Alemania —la Unión Europea en general— ha respondido siempre con eficacia en situaciones como éstas. Quizá porque la dirigencia política asumió las responsabilidades que le correspondían y escogió el riesgo calculado y previsto y no la incertidumbre y la desprotección de la gente.

COPYRIGHT CLARIN, 2003.

https://www.clarin.com/opinion/inundacion-causas-politicas-naturales_0_r1slDKWl0tg.html
[Accessed 25 May 2003]